El planteamiento de ver series o películas online o descargadas con programas del tipo P2P es ya un clásico entre los autores y los consumidores de cultura. Según la Fundación Ortega Marañón hay más de 530 millones de descargas ilegales al año solo en el sector de la imagen. La piratería, las descargas de material sin pagar, ya sea ilegal o alegal, y el visionado online de películas y series sin pagar los derechos de autor es ciertamente un problema. Hasta el 43% de todas las películas que se graban, se piratean para verlas gratis en nuestro país. Veocine.com es una de esas webs que permite el visionado gratuito de películas, documentales y series.

No es, ni mucho menos, la única página que da acceso sin pagar a este tipo de contenidos y como suele ocurrir habitualmente, dependiendo de la película es difícil acceder a un enlace que realmente proyecte esa película y no otra. Además, dependiendo del número de usuarios que estén conectados, también se incrementa el tiempo de espera para poder visionar la historia.
Servidores alojados en países extranjeros, este tipo de páginas bordean la legalidad y es cierto que en ocasiones la traspasan. Pero hay dos problemas que hay que considerar entre los ingredientes de la piratería y el problema de eliminar reseñas.

Por una parte el abusivo precio del cine en ciudades como Madrid, donde se ha demostrado que las campañas que economizan las entradas, hacen que mayoritariamente el público acuda a las salas a ver cine. Cuando han lanzado las promociones (ha sido la propia industria del cine la que ha tenido esta iniciativa) han multiplicado casi por diez los asistentes. Lo que demuestra que además de la piratería, el problema de que la gente no vaya al cine es que las entradas son muy caras. Teniendo en cuenta la situación de la clase media española, es impensable que puedan destinar un presupuesto semanal para acudir a ver películas. Cuando cuestan 2,90 euros, las salas se llenan e incluso se guarda cola para disfrutar del descuento.

Por otro lado, el otro problema que existe tiene que ver con la propia idiosincrasia de la cultura del español (en general). La “cultura del gratis”: la Seguridad Social es gratis, lo público es gratis, ver películas en veocine.biz es gratis… Que no cueste dinero en ese momento no quiere decir, ni mucho menos, que sea gratis. Nada es gratis en ningún sitio, todo tiene un coste que de una manera o de otra se financia. Pero cada vez que un usuario se descarga una película o la ve online no está realizando una acción gratuita sino que está rehuyendo el pago. El español medio tiene este planteamiento aprehendido en su subconsciente, ¿para qué pagar por algo que es gratis?

Y así, si levantamos la mirada llegamos hasta quienes roban a gran escala: los presuntos ladrones de los partidos políticos que manejan a sus anchas los presupuestos públicos y se enriquecen supuestamente en una carrera meteórica hacia conseguir el título de “Nuevo Rico”. El problema real radica en que a pequeña escala, un alto porcentaje de la población hace lo mismo. Los usuarios que visionan películas sin abonar los derechos de autor también se suben a este tren, aunque sea el de cercanías y el de los políticos sea el AVE. Es una cuestión de cada persona, se puede elegir entre robar o no robar. ¿Usted qué elige?

El escándalo desatado la pasada primavera con la publicación por el diario británico ‘The Guardian’ de los documentos facilitados por el exempleado de la CIA Edward Snowden ha conmocionado al mundo. Miles de titulares de periódicos e interminables horas de informativos en radio y televisión debatiendo sobre el eterno dilema entre Libertad y Seguridad. Pero si algo quedó claro es que los gobiernos y las empresas han colaborado en la vigilancia de miles de ciudadanos en todo el planeta. Y esto ha sido un gran mazazo para la reputación de algunas compañías.

Por la gran cantidad de datos personales que manejan; las redes sociales, los buscadores online y las empresas que facilitan cuentas de correo electrónico fueron el gran objetivo y en ocasiones el colaborador necesario de la Inteligencia estadounidense. Esto, para los usuarios es una aberración en tanto que entienden que las empresas no deben de facilitar la información a la que tienen acceso al estar esta amparada por las leyes de protección de datos y eliminar comentarios negativos de Google. Sin embargo, en muchos casos parece probado que estas normas fueron vulneradas sistemáticamente.

El daño en la reputación puede ser una carga muy pesada y las empresas lo saben. Por ello, ocho de las grandes corporaciones de la nueva era digital han decidido solicitar al Gobierno de los Estados Unidos que regule la manera en la que se realizarán en adelante las tareas de recopilación de información digital. En una carta dirigida al presidente Obama, los máximos representantes de Google, Facebook, Microsoft, Yahoo, Apple, Linkedin, AOL y Twitter piden a mandatario estadounidense que legisle sobre el asunto ya que de esa manera podrán atenerse a una normativa por todos conocida y evitar en el futuro prácticas abusivas que generen nuevos escándalos.

Edward Snowden, tras hacer públicos los datos a través del rotativo británico ‘The Guardian’ hubo de huir de Estados Unidos y tras un periplo que le llevó a Hong Kong terminó recalando en Rusia. Esto le ha hecho recibir críticas y acusaciones de trabajar para el Kremlin en una operación para desacreditar a los servicios de Inteligencia occidentales y en especial a los de Estados Unidos. Sea como fuere, la información facilitada por Snowden vuelve a poner de manifiesto el estrecho vínculo entre los gobiernos, sus agencias de información y las grandes empresas con acceso a datos privados de los ciudadanos.

La carta escrita por las multinacionales tecnológicas puede no ser otra cosa que una acción de relaciones públicas con la que cubrir su parte de culpa, pero sí es cierto que una legislación transparente al menos cumpliría con la condición de que el ciudadano estuviese informado de cómo y en qué circunstancias los gobiernos pueden acceder a sus datos personales. Sin embargo, la naturaleza del trabajo de Inteligencia puede no permitir que la transparencia sea el principio por el que se rijan las leyes que les afecten. Y de nuevo volvemos a la cuestión de fondo ¿Libertad o Seguridad, dónde está el equilibrio?